¿Cómo establecer un diálogo interno sano?
En ocasiones la realidad supera a la ficción, y la paráfrasis deja de ser algo cómodo para volverse hermética. En una de esas conversaciones polares sobre la existencia; salió a relucir un problema fundamental: el diálogo interno.
Para quiénes el yo nos resulta un enemigo a batir, y toda dialéctica interna es una guerra de trincheras; la capacidad de entablar un diálogo continuo con ese yo interior es sobrecogedora. Una putada para que nos entendamos. En esta línea soy capaz de admitir cierta envidia hacia quienes son capaces de mediar consigo mismos a través de la producción artística. Además, para no coaccionar más la lectura, no entraré en discusiones metafísicas sobre el diálogo.
Sin embargo, antes de continuar debemos reflexionar en torno a una cuestión ineludible, ¿existe vida inteligente? Mi respuesta es que sí, ma' o meno'. La historia nos demuestra a través de los escombros del tiempo que así ha sido. Escritores, profesores, pintores, cantantes, en definitiva grandes mitos de una memoria colectiva que nos engrandece y dado que no se me ha comunicado lo contrario, continúa en la tradición del presente. También es cierto que la gran mayoría de los seres (humanos) no demuestran la certeza de pensantes. No le pido al panadero un razonamiento hegeliano como tampoco lo espero de nadie. Sí exijo por otro lado atreverse a la auto crítica. No pretendo que nadie se extirpe las orejas de Midas y deje de lado su naturaleza, sino que cada uno se someta a si mismo a examen. Eso es vida inteligente. El cuestionamiento de la propia existencia.
Los escritores son pues los adalides de esta lucha quijotesca dónde sus miedos cobran sentido y la realidad conecta con lo más íntimo. Son la respuesta obvia, la aristocracia, aquellos cuyo fin último es sanar almas. Empero, ¿qué nos depara al resto? Especialmente a quienes dimos la espalda al arte y aún así, somos existencialistas, atribulados hijos de Moria, ¿qué tenemos?

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